Force Twilight

La Temporada Final

La Depresión

Posted by Lord AJ on Febrero 11, 2009

 

La Depresión

 

            Vince se levanto más que sumamente preocupado. Ya era la quinta vez en la semana que al despertarse encontraba que Lucio dormía a su lado, totalmente extendido y recto, en vez de en su usual posición acurrucada y enrollada al lado de la calida y blanca estufa radiante. No. El pequeño bicho había decidido cambiar de posición de dormitada, y era bastante escalofriante levantarse y ver a esa figura extendida de un lado al otro sobre el amarronado piso de madera similar al de la tierra de un bosque tropical.

            Lucio, por supuesto, era su mascota preciada, no solo porque le había criado desde que la había traído en una riñonera oculta de su viaje de México, cuando esta no había medido mas del largo de un lápiz, sino que también le agradaba por la rareza que indicaba cuidar a un animal de esa índole. La mascotita no era un perro, ni un gato, ni nada ordinario. Era una jodidamente fabulosa boa constrictora de un metro noventa aproximadamente.

            Hacia casi cuatro años que la tenia, y la había mantenido contra toda objeción de sus padres, que lógicamente, la detestaban, pero, como Vince era el menor de los tres hermanos, era él mas consentido y había logrado quedarse con el animalito que se había traído de contrabando de México.

            -“Simplemente tenla lejos de mi vista” – Decía siempre su padre, cuando veía a la boa desplazándose con su reluciente raya carmesí en el lomo, que parecía un río de sangre furioso.

            Vince, que había adquirido su mascota a eso de los once o doce años (no recordaba bien), y ahora con quince, hacia caso a los pedidos y la llevaba siempre consigo. Siempre (en la casa, claro).

            Antes no había sido problema moverla. La había llevado en su caja de vidrio, pero como crecía rápidamente, eventualmente no entraba en ninguna pecera y la había tenido que dejar suelta por su habitación y por la casa, respectivamente. Claro que ahora, mover una serpiente de más de dos metros no es cosa de simplemente ir y levantarla. No porque temiera que esta la atacara. No, Lucio nunca le haría nada. La serpiente entendía que él le había criado y no le dañaría. Simplemente era demasiado pesada e inmaleable para transportar. Tenia que usualmente tentarla con conejillo de indias, ya que los ratones que antes habían sido alimento usual, parecían ahora darle a Lucio la saciedad que a Vince le daba comer un pequeño tomate cherry. O sea, nada.

            De cualquier manera, Lucio últimamente no degustaba nada. Hacia más de una semana que no comía los usuales roedores muertos que le ofrecía. No entendía bien por que. Simplemente reptaba de un lado al otro en su pieza (pues en otro lugar de la casa dejarla suelta equivaldría el infarto de alguien o serpentisidio de Lucio.)

            Vince se incorporo en su mullida cama, sentándose de piernas cruzadas, observando con ojos analíticos a su amigo animal, que yacía en el piso, observándole fijamente con esos amarillos ojos que parecían mirarle como los de un paciente en la consulta a un psiquiatra.

            -¿Qué te pasa, amigo? – Pregunto Vince con su alegre voz adolescente.

            Naturalmente, la serpiente no respondió. Simplemente saco su extraña lengua de dos puntas y silbó, como si de un juego se tratara. Vince se quedo un momento, observándola. Pese a que parecía algo mas largo de lo usual, era más que evidente que Lucio había perdido algo de peso por su falta de alimento en la semana. Su línea roja en el lomo, sin embargo, parecía haberse agrandado, pese a la reducción del ancho del cuerpo. Tenía sus manchas grises y marrones a cada lado de esta línea, en un patrón perfectamente acomodado y armado, a tal punto que parecía una gran cadena. La cabeza era chata y triangular, como la parte inferior de una plancha.

            Estaba inmóvil, como si estuviera aburrida, como un viejo deprimido que no hace otra cosa que estar tirado en su cama todo el bendito día. Quizás…eso era. ¿Estaría Lucio deprimido? ¿Acaso las serpientes podían estar deprimidas? ¿Por qué no? Los perros podían hasta tener embarazos psicológicos y depresiones. ¿Por qué su mascota no iba a tenerlo?

            -¿Estas deprimido, amigo?

            Lucio no hizo nada, salvo volver a lanzar su anterior respuesta sacando una y otra vez su lengua.

            Vince se rasco su abundante melena con sus amplias manos por un momento, como si tratara de descifrar que le quería decir el animal, pero luego se dio por vencido. Se hacia tarde y tenia que prepararse para la escuela. Ya vería que hacer a la vuelta, o quizás, se le ocurriría algo en el transcurso del día para ayudar a Lucio.

            Se levanto de la cama, con cuidado de no pisar a Lucio, que continuo inmóvil como antes, y camino hacia su armario incrustado en la pared pintada de verde selva. Tomo rápidamente su gris uniforme y salio de su habitación, sin dejar de mirar a Lucio, esperando que este se moviera o hiciera algo, pero no. Continuó ahí, tirado.

            Con una mueca de preocupación, incrusto la llave en el cerrojo, y dejo a Lucio encerrado, como hacia siempre antes de ir al colegio o cuando se iba a algún otro lugar. Ya averiguaría que le pasaba, pero, ahora, tenía que ducharse y cambiarse para ir a clases.

 

            Termino de ducharse y se detuvo frente al espejo del marmolado baño para observarse. Vince, a diferencia de Lucio, no había cambiado bastante su aspecto físico en los últimos tiempos.

            Continuaba con su mismo cuerpo escuálido y su frustrante estatura. Era bastante bajo para su edad, el mas pequeño de la clase, llegando vagamente al metro cincuenta. Sus cabellos negros húmedos aun caían sobre su cuello como una prominente melena de león, mientras que sus pequeños ojos azules cristalinos descansaban a los costados de la nariz similar a la de un cerdito. Su usual sonrisa, de oreja a oreja (que eran tan puntiagudas como los cuernos de una gacela), continuaba allí.

            Pese a que sonreía, no podía evitar preocuparse por Lucio. Si estaba deprimido, había que buscar una manera de sacarlo de la depresión, porque, por lo que había escuchado, a veces gente y animales morían de depresión. Claramente no quería que su mascota muriera, y menos que menos sin hacer nada. ¿Qué si no estaba deprimida y estaba enferma? ¿Qué si no se le podía curar?

            No. Tenia que pensar en positivo. Seguramente se podría arreglar. Había detectado el problema a tiempo y lo solucionaría. Quizás, podía llamar a un veterinario. Pero luego recordó que los Veterinarios solo saben sobre perros y gatos. Pocos saben realmente sobre serpientes, y específicamente, menos son los que saben sobre Boas Constrictoras, y esos que saben, salen una infinidad de dinero la consulta.

            ¿Te vas a poner tacaño en el cuidado de tu propia mascota? ¿No la ayudaras porque es caro?, Pensó Vince, y se avergonzó de sus pensamientos. Debía llamar a un especialista, cueste lo que cueste si realmente quería salvar a Lucio, y la verdad era que así era.

            Comenzó a vestirse en el baño.

Lo haría al volver de clases.

 

            Al volver del colegio, y tras revisar rápidamente en que andaba Lucio, lo cual había resultado en la misma imagen que su despertar, tomo la agenda destartalada y amarronada por los años, cuyas páginas parecían secas hojas de árboles tropicales.

            Recordaba que una vez habían llamado a un Veterinario de serpientes, cuando sus padres habían aceptado tener a Lucio en la casa, para que este les asesorara sobre como tratar y cuidar al animal. Les había dicho perfectamente todo lo que había que hacer, como alimentarlo, como construirle un hábitat cuando Lucio tuviera que cambiar de piel, todo. Pero lo que a Vince no le había gustado era que ese maldito había sugerido que dieran a Lucio en adopción a un zoológico o reserva natural. Simplemente por ese hecho, Vince no se había gastado en llamarlo de nuevo para nada. Si alguna vez necesito algo lo busco en una enciclopedia o en cualquier otro lugar, o utilizo su sentido común. Pero, ahora, no había nada que hacer.

            Si Lucio estaba ciertamente deprimido, ¿Qué podía hacer? No sabia cual era su origen de depresión, y no era algo fácil animar a una serpiente. Además, si esperaba demasiado, quizás Lucio moriría de hambre o de depresión. No podía dejar que eso pasara.

            Busco el número y marco. Una voz áspera y acida contesto casi al instante.

            -Veterinaria de Reptiles ¿En que lo puedo ayudar?– silbó esa voz tan similar a lo que parecía el sonido emitido por una serpiente con su lengua. Sin dudas era el mismo tipo que la otra vez, Vince no habría podido olvidar esa voz jamás.

            -Hola, mi nombre es Vince.  Usted una vez vino a mi casa a recomendarnos sobre el cuidado de una Boa. Fue hace mucho, pero no se a quien recurrir. Creo que mi Boa necesita ayuda. Parece deprimida.

            -¿Deprimida? – Mascullo el hombre del otro lado del teléfono, como si estuviera indignado de que alguien se refiriera a una serpiente con tanto sentimentalismo.

            -Si. Hace días que esta tirada ahí en la misma posición, y tampoco come.

            -¿Enserio? – Chillo el hombre con repentino entusiasmo y sorpresa - ¿Qué tan grande es la Boa?

            -Metro noventa, aproximadamente –Replico Vince, aliviado que al fin el otro mostraba interés.

            -¿Dónde suele dormir?

            -¿La Boa?

            -Si, la Boa, chico. De eso estamos hablando. – Gruño el especialista con algo de impaciencia, y a la vez, preocupación.

            -Ah, en mi cuarto.

            -¿Qué edad tienes, Chico?

            -Quince – Ladro con seriedad Vince, algo fastidiado que el otro le continuara diciendo “Chico”. Si había algo que le molestaba era que la gente le dijera así. Le hacia recordar que era el mas bajo de la clase y de sus amigos. Hasta Lucio era más grande que él.

            -Está bien. Tendré que ir a verla. Hoy mismo. – No sonaba como una sugerencia de cita. Era una orden - ¿Cuál es tu dirección?

            Vince se la dio rápidamente, y el especialista la repitió para comprobar que estuviera bien anotada.

            -Genial – Agrego el hombre tras repetirla – Estaré ahí en menos de una hora, y por favor, hasta que llegue, deja a la Boa donde esta. Si esta en tu cuarto, déjala ahí, con llave hasta que llegue a analizarla.

            -Está bien. Así esta ahora.

            -Perfecto. Que siga así. Estaré allí en poco tiempo.

            Ambos cortaron casi al mismo tiempo, y fue allí que Vince se dio cuenta que había olvidado preguntarle el precio de la consulta. Volvió a telefonear, pero ya no contestaba nadie.

 

            El especialista llego antes de lo prometido. En solo veinte minutos había llegado en su camión oxidado, plagado de jaulas de diversos tamaños y su gigantesca presencia. Vestía una chaqueta de cuero desgastado y una barba desprolija de, seguramente, dos días de antigüedad. Sus ojos azules parecían dos lagos congelados, mientras que su nariz eminente y filosa como el pico de un águila, descansaba entre medio de aquel rostro erosionado. Tenía unos jeans rotos, pero no como era usual usarlos, sino que parecía que había salido de algún combate cuerpo a cuerpo con esos pantalones. Estaban simplemente a la miseria.

            Vince le dejo entrar en cuanto toco timbre, y estuvo más que seguro que ese era el especialista, pues, recordaba bien las alturas de las personas, porque era lo que siempre veía desde abajo. Que tan altos eran los demás, y particularmente, pese a que la última vez que había visto a este especialista había sido un niño, Vince recordaba que era excesivamente alto. Ahora que lo veía con un par de años más, le parecía igual de colosal que aquella vez que lo había visto de más joven. Un rápido análisis le hizo sospechar que mediría más de lo que Lucio media en largo.

            Al abrirle la puerta, el especialista le inspecciono con una vista fría y medidora, como si fuera a él quien había venido a analizar, en ves que a la Boa. Tras sentirse incómodamente analizado por el especialista, observo como este asentía en silencio, como si una hipótesis científica se hubiera comprobado en su mente, y luego le pregunto donde estaba Lucio.

            Vince le enseño el cuarto sin decir nada, abriendo lentamente la puerta de su habitación, y el especialista le hizo una seña para que no entrara, así que Vince simplemente observo desde el marco de la puerta.

            Lucio estaba como siempre, tirado en el piso, pero pareció sentirse interesado por el especialista, pues giro su cabeza triangular para observarle con sus ojos amarillos como un lobo que se siente amenazado.       

El especialista se detuvo a un metro de Lucio y la analizo rápidamente, y volvió a mirar a Vince, con la misma mirada que había contemplado al animal.

-¿Hace cuanto que no come? – Pregunto el Especialista

-Una semana, más o menos. – Contesto Vince sin dejar de mirar a Lucio, que ahora que tenia la cabeza girada, le observaba, como siempre, sacando su lengua una y otra vez.

-¿Y hace cuanto que se queda así tirada?

-Cinco días.

-¿Y no se sube a tu cama?

            -Eh, no que yo sepa – Replico algo dubitativo Vince – Sabe que no tiene que subir allí. Le enseñe eso cuando era más chica.

            -¿Qué? ¿Le tienes miedo? – Dijo con acidez el Especialista.

            -No, claro que no – Chillo como un pequeño cerdo, totalmente indignado, Vince.

            -Quizás deberías. Te esta midiendo.

            -¿Qué? – Pregunto Vince sin entender claramente.

            -La Boa te esta midiendo. Se pone a tu lado mientras duermes para medir tu largo, para ver si le cabras dentro. – Explico el Especialista con paciencia, pero al ver que Vince no entendía aun, fue excesivamente directo – Te quiere comer y mide si puede hacerlo.

            -¿Qué? Está loco. Lucio no haría eso. Le he criado desde muy pequeño, y veo que fue un error llamarlo a usted. – Defendió Vince a su mascota.

            -Créeme, se lo que te digo – Sonrió el Especialista, como si le resultara cómico que Vince se refiriera a Lucio por su nombre, como si fuera una persona con sentimientos - Considerando tamaños, la Boa es bastante mas grande que ti, y tu eres bajito y menudo. Te puede devorar sin problema, sabes. Cuando lo vea oportuno, se enredara sobre ti, asfixiándote, sin siquiera darte aire para gritar, y luego, tras descolocar tus huesos de lugar, te engullirá.

            -Si claro – Replico con sarcasmo Vince – Si ese es el problema también. Le digo que hace días no come. Si no come su comida habitual, no me va a comer a mí.

            -Totalmente contrario. He visto esto varias veces, chico. La boa deja de comer para aumentar su apetito y así prepararse para digerir una presa más grande. Supongo que tu “animalito” ya sabe que es más grande que ti, y por eso empezó su hambruna. Si simplemente te hubiera estado midiendo y hubiera decidido que no le ibas a caber, hubiera seguido durmiendo así, recostada a lo largo, para saber cuando iba a poder, pero hubiera continuado comiendo, para continuar creciendo. Ahora ya no come, pues, como te digo, quiere darse un festín contigo. No se gasta comiendo panecillos antes del plato principal. Se queda ahí, quieta, saboreando con paciencia su presa por venir, ahorrando todas sus energías para cuando decida que su apetito es tal que solo contigo se saciara.

            -Muy interesante, y tenebroso, pero no me la creo nada – Gruño Vince, pero la verdad era que le estaba aterrando algo la idea. Después de todo, el tipo era un maldito especialista ¿No? – Hace tiempo que Lucio es más grande que yo ¿Por qué se le ocurriría atacarme ahora? ¿Por qué no antes? ¿Ve que no tiene sentido su razonamiento?

            -Simple, chico. Cuando tu eras bebe, comías pequeñas porciones de puré de manzana, o alguna mierda parecida ¿Cierto? Tal como, supongo, tu le dabas ratones a Lucio, o como carajo se te ocurra decirle a este animal. Eventualmente creciste y comenzaste a probar cosas distintas, más grandes, cuando te sentiste listo. La boa se debe sentir lista ahora de cambiar de menú. No puedo dejarte aquí con este bicho. Me lo tendré que llevar. Les advertí a tus padres que no era conveniente tener a una mascota así, porque las serpientes no son como un perro, que sentiría afecto por ti. Para ella no eres más que un pedazo de carne que será su próxima cena.

            Vince trago saliva lentamente, pensando en algo que decir, tratando de defender a Lucio, pero simplemente no se le ocurrió nada. Observo como la serpiente hacia rato no observaba mas al Especialista, sino que durante toda la conversación la cabeza triangular le había estado mirando, sacando su lengua una y otra vez, relamiéndose, con su boca entreabierta chorreando un fino hilo de baba, mientras que sus ojos amarillos infernales le miraban de manera angurrienta.

            No había nada más que decir. Momentos después, el Especialista se marcho con Lucio en una jaula segura. Vince no podía evitar sentirse mas traicionado. No quería creer lo que había escuchado, pero todo parecía tener bastante lógica. Sabia lo que las Boas podían hacer, pero nunca había pensado que Lucio le pudiera hacer algo así a él.

            Se pregunto que habría pasado si no hubiera dejado que se llevaran la serpiente. Seguramente se la habrían llevado igual. Sus padres la mandarían a volar si se enteraban que esta era capaz de tragárselo sin mucha vacilación. Pero, medito que hubiera pasado si la hubiera mantenido. ¿Lucio se lo habría tragado a sangre fría, disfrutando el sabor de su criador? ¿O acaso el Especialista había exagerado? No lo sabia, pero por mucho que quisiera a la serpiente, sabia que no valía la pena arriesgarse. Después de todo, era tal como el Especialista le había dicho antes de irse, mientras que metía la jaula con Lucio en su camión.

            -No le sientas rencor al bicho este. Después de todo, es un animal, aunque tú le hayas dado nombre.

            Había observado como el camión se alejaba luego, largando intenso humo blanco, y en ese instante se había dado cuenta que el Especialista debía de haber estado hablando enserio, pues no le había cobrado la consulta.

           

 

  1. LaFanaNumberOneDelLord Said,

    Querido Lord Aj:
    Me parecio que este fue un cuento sensacional , con descripciones asombrosas y un argumento traumatizador y sumamente interesante.Supo mantener al lector interesado hasta el punto final.
    Felicitaciones y gracias por compartir tan encantador relato.
    Sinceramente su fana number one .

  2. Lord AJ Said,

    Estimada FanaNumberOneDelLord:
    Muchisimas gracias por su Review y opinion. Se agradece con todo afecto y sinceridad, ya que su comentario me alaga.
    Saludos,

    Lord AJ

  3. Ezequiel J. Said,

    Andrés:

    Acabo de leer el cuento, y la verdad, que te puedo decir, no tenía fé de que terminase así. Suponía que te ibas a explayar por otro lado, que la serpiente iba a ser simplemente un fondo… pero no, al contrario.

    Me mantuvo muy cautivado, de principio a fin. El giro que le diste a la historia fue excelente, y creo que lo que vino después lo hiciste muy bien. Como ya comentaron, describiste de forma excelente las situaciones.

    Y no mucho más. Menos mal que tengo un perro.
    ¡Ah!, una pregunta. ¿Qué tipo de boa es? Digo, para regalarse a un amigo nuestro llamado “Cumbio”… xD

    Saludos!

  4. Lord AJ Said,

    Ezequiel J. :

    Muchas gracias por tu Review! Me alegra que te haya gustado!

    Y si, hay que ver de regalarle una boa de este tipo a “Cumbio” xD. Aunque ojo, que la Boa sea un animal no implica que tenga mal gusto.

    Saludos!

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