Océano
Océano
Si había algo que a ella le gustaba, era el océano, y, vaya casualidad, allí estaba, a su fiel lado. Ese día no iría a su pesado trabajo, ni se encargaría de la casa, ni nada. Solo disfrutaría de la inigualable compañía del océano, y el océano de ella.
El sonido de las olas acariciando la costa, humedeciendo la suave arena, era una delicia para sus oídos. La leve brisa, cargada de sal, no hacía más que bailar con su cabello oscuro en alegría, mientras que sus ojos estaban concentrados en la reluciente agua delante de ella, que parecía llamarla, como el canto de una sirena. Un par de gaviotas volaban, recitando sus usuales chillidos, que no hacían más que agregar a la orquesta de sabrosos sonidos del océano, tal como aquella pareja de cangrejos carmesí, que trenzaban sus pinzas en aparente amistad, mientras que el mar los bañaba en delicadas perlas de agua.
El cielo estaba pintado en rojo y violeta, como una perfecta obra de arte, cargando a las nubes de un vivo color anaranjado, mientras que el sol permanecía en el horizonte, al parecer, sin intención de abandonarla a ella en la oscuridad. No había nada mejor que el crepúsculo acompañado con el océano. Los colores celestiales se reflejaban sobre el mar danzante, envolviéndose en esa lujuria de color, mientras ella simplemente observaba, como si sus ojos estuvieran degustando la escena.
No había nadie más en la playa, solo ella, sentada en la acogedora arena, que era tan cómoda como un colchón lujoso. Era excelente no tener a nadie mas en la playa, solo así uno podía comprender y observar la profundidad del sabio océano, y contemplar su elevada belleza. Aun así, tanta soledad no era lo que le gustaba. Le hubiera gustado poder compartir aquella vista magnifica con sus hijos, pero no era posible. Ellos se habían ido de vacaciones con su padre. Nada nunca era perfecto, por más que uno quisiera. Solo había que conformarse con lo que había.
Y lo hizo, pero a la vez, ya en su mente planificaba en su mente que la próxima salida al océano seria si o si con sus niños preciados. Tomó una profunda bocanada del aire salado, y continuó observando aquel atardecer, en total paz, en total silencio, mientras que contemplaba las espumosas olas ir y venir en su usual baile.
Abril 10th, 2009 at 11:13 pm
Casi puedo sentir el mar . Puedo percibir esa paz . Siento como propio el deseo de que todo sea perfecto y la frustración de que ahora no es asi y a la vez el anhelo de que lo sea .
Excelente, as usual.
Abril 10th, 2009 at 11:46 pm
Por los Dioses GRACIAS!
captaste total y completamente esa incesante necesidad de estar ahi, esa necesidad de escuchar el vaiven de las olas, la fresca brisa marina tocando mi piel, el sonido del viento adornado con los sonidos de las caracteristicas aves…tmb plasmaste que extraño a ese par de diablillos que iluminan mi vida…los extraño.
Grax Andres por este maravilloso regalo
Te quiero mucho, nuevamente Gracias!