Sueño Oscuro (2)
Posted by Lord AJ on Junio 30, 20092
La manija esférica y plateada permaneció en su mano, mientras que la puerta, y el desierto habían desaparecido por completo, como si nunca hubieran existido. Ahora estaba en otro lugar. Un lugar más extraño que el anterior.
El suelo estaba infestado de largos pastizales negros, como el carbón, mientras que el viento los sacudía de un lado al otro. El cielo oscuro permanecía ausente de estrellas, con unas nubes grises como ceniza que se desplazaban por el lugar, como si tuvieran conciencia propia. Un árbol seco, con sus brazos caídos y finas ramas, yacía a sólo un par de pasos de donde Mercedes estaba parada. En el horizonte se podía divisar una leve pero reluciente línea celeste, que permitía ver que, a la distancia, había un asentamiento lejano.
El sonido del agua fluyendo la distrajo, provocando que soltara la manija de la puerta —perdiéndose esta en los pastizales—, y girando para ver de donde provenía tal sonido, y observó que, detrás de ella, había un extenso río de aguas lóbregas, tan oscuras como el petróleo.
Genial, pensó. Ahora, ¿Dónde diantres estaba? De haber sabido que iba a ir a un lugar tan macabro, hubiera preferido ahogarse en la arena. Aquel lugar oscuro, donde los largos pastos parecían tener intenciones de tragarla, no era para nada agradable. Quizás, podría ir a ese asentamiento lejano, que parecía una gran casa, en busca de asistencia, pero que mas daba; era un puto sueño.
Un puto sueño que parecía demasiado real, o al menos, así se sentía. Podía captar a la perfección como el calido viento pasaba entre sus dedos, o como el pasto largo le raspaba su blanco vestido. Podía sentir como el aire húmedo y pesado entraba y salía de sus pulmones, una y otra vez.
Todo se sentía tan real, que el hecho de que Iván no estuviera allí, no le sorprendió, pero si, le dolió. Había esperado, al menos, encontrar algo que tuviera que ver con él, ya que, había sido su voz la que la había llamado a atravesar la puerta. ¿Acaso había sido todo un truco? ¿Había sido un juego de su mente?
Joder. ¿Qué se suponía que tenía que hacer, ahora, para despertar? ¿Quedarse allí parada en la negrura?
Su piel se heló, como si el calido viento se hubiera convertido en una tormenta invernal, al observar a la figura negra que ahora se desplazaba frente a ella, cada vez más cercana. El individuo que se acercaba, envuelto en mantas negras, que le colgaban de sus brazos, como alas de un pájaro, y que, debajo de los pantalones sueltos oscuros relucían botas metálicas de considerable tamaño. Su rostro estaba tapado por una capucha, y parecía, más bien, un conjunto de sabanas negras desplazándose por el lugar. Se desplazaba caminando de un lado, al otro, como si estuviera ebrio.
Mercedes permaneció congelada cuando la figura finalmente se paró frente a ella, sacándole varias cabezas de altura, y descubrió su rostro, revelando una hermosa cara masculina. Pese a que, para ella, el hombre más bello que había jamás conocido era su querido Iván, aquel hombre envuelto, tenia que admitir, tenía rasgos dignos de una deidad. El rostro era uno adolescente, con piel aparentemente suave y perfecta, con una nariz finamente redondeada, y gruesos labios seductivos. Su cabello negro oscuro, que tenía cierto aspecto grasoso que agregaba a su encanto, caía a mechones sobre sus finas cejas. Lo único extraño en aquel rostro joven eran los ojos.
Eran totalmente negros.
—¿Viva o muerta? —Masculló la extraña figura, súbitamente, con una voz grave que no parecía encajar con el bello rostro.
—¿Qué? —Preguntó Mercedes confundida— ¿Está preguntando si estoy viva?
—No —sacudió la cabeza, como un niño negando una travesura—, pregunto que prefiere. Estar viva, o estar muerta.
—Viva, supongo —replicó con cierta duda.
—Por ahora. ¿Puedo preguntar como llegó aquí?
—Una puerta negra —dijo Mercedes, algo intimidada por la figura negra—. Pero ya no está más.
—Siempre es así. Pero debo preguntarle, pues es mí deber en estas zonas, ¿Qué es lo que hace aquí? ¿Que ha venido a hacer?
—Pues, no lo se. Esto es sólo un sueño, para mí.
—Siempre es así. Siempre ignoran que vienen a hacer y que es donde están. Siempre, siempre —graznó la figura, moviendo la cabeza de un lado al otro en negación. Luego, de entre las mantas que lo cubrían, sacó una de sus manos, y la estiró, esperando que Mercedes la tomara—. Mi nombre es Nekros, es mi trabajo velar y revisar quien entra y sale de los dominios.
Mercedes tomó la gran mano, y sintió un escalofrío al tocarla, pues parecía que estaba apretando un glaciar. Estaba completamente helada. La soltó rápidamente, tratando de no parecer maleducada, pero a Nekros no pareció importarle.
—Debo marcharme ahora, pero si alguna vez necesita usted asistencia en los asuntos de la muerte, estaré ahí antes de que lo piense. Ahora, le recomiendo, estimada, que, por su bien, se retire de las inmediaciones del río, pues, es horario de caza para los malditos, y me desagradaría la idea de ver que su bello cuerpo se convierta en alimento para un par de bastardos descorazonados. —Se colocó de nuevo su capucha, y con una voz más grave que antes, la saludó—: Que tenga un oscuro día.
Sin más decir, y tambaleándose nuevamente de un lado al otro, Nekros comenzó a caminar, alejándose a gran velocidad, perdiéndose en la oscuridad.
Mercedes, por su lado, ahora se preguntaba que debía entender de las palabras de aquel extraño ser. No tuvo demasiado tiempo para pensar, pues sintió, súbitamente, como algo húmedo le rodeaba el pie. Sus ojos, horrorizados, observaron como una mano en proceso de descomposición, totalmente mojada, le sujetaba el tobillo, tratando de retenerla. Al girar, atisbó, con su corazón deteniéndose, como, del río, emergían varias manos mas, con sus cuerpos pútridos, desplazándose a toda velocidad, como cocodrilos hambrientos, hacia ella. ¿Serian esos los malditos de los que Nekros le había advertido? Lo ignoraba, pero tampoco quería saberlo.
Lo que mas la horrorizó de todo eso fue que, el ser que la estaba sujetando, tenía la cara del conductor del colectivo que había atropellado a Iván. Nunca olvidaría esa cara que había visto en la corte, esa cara oscura y macabra, con ojos filosos como cuchillos, una nariz torcida, como la de un brujo, y los amarillentos dientes torcidos dignos de un caníbal.
Movió su pie, con furia y temor, pateando la cabeza del chofer macabro que la sujetaba, provocando que éste la soltara al instante, y sin mas pensarlo se echó a correr hacia el asentamiento lejano que había visto antes, mientras que, detrás de ella, podía escuchar como los seres moribundos la seguían, arrastrándose, chillando como perros angurrientos.
D: OMG corre ferrari corre o.o…..ah no….mercedes….CORREEEE
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