Reacciones violentas y piadosas… [Sobreviviente anónimo]
Posted by Dib on Julio 7, 2009Mi comentario no fue bien recibido por Brando y a los otros. Diez segundos (tiempo necesario para que sus minúsculos cerebros procesaran lo que dije) después de que las palabras salieron de mis labios, ellos se levantaron y se acercaron con paso y mirada amenazante para asustarme.
Que mierda. Había olvidado el bate en el techo, y mi única forma de defenderme sería con golpes, patadas, y de ser necesario, mordiscos. Brando aún llevaba el cuchillo de ayer, o eso creo. Cinco contra uno; que injusto.
Los gritos me llegaban a los oídos, aunque extrañamente no los escuchaba. Sólo estaba pendiente de lo que sucedía en la mesa que acababa de abandonar. Cristopher, Gilberto y Jhon se habían puesto en pie y se acercaban a mí. Sus miradas eran… ¿Qué pensaban hacer? Mi mente divagó y visualizó posibles acciones…
Pero antes de enterarme sentí mi rostro siendo lanzado a un lado junto a mi cuerpo. Mi cara chocó contra el suelo y sentí algo tibio manando de mi nariz. Aspire un poco del polvo del suelo y estornudé. La fuerte reacción hizo que me doliera aún más la nariz. Me la había roto con el golpe al suelo. Malditos. Me habían golpeado mientras estaba distraído con los demás.
Me di la vuelta y los miré directamente a los ojos, mientras les gritaba furioso:
-Probabilidades de supervivencia: 18%. Antes de que os deis cuenta, todos estaréis muertos, ¡cabrones!
Me puse de pie y eché a correr escaleras arriba. Oí cómo discutían entre ellos. Algunos querían seguir y golpearme, pero Cristopher los detuvo.
Bien; le debo una.
[…]
Mi nariz no dejaba de sangrar. Joder, no sabía qué hacer. Mi tabique estaba roto y mi mejilla también sangraba. Mi camisa ya estaba empapada. Pensé furioso en Brando; lo más seguro había sido él.
Joder. Debí aprender primeros auxilios mientras tuve la oportunidad. Ahora lo más seguro mi puente iba a quedar torcido, o peor; se me gangrenaría y moriría.
-¡Maldita sea!-grité mientras golpeaba con un puño la pared que tenía cerca.
Un fuerte dolor se situó en mi mano. Perfecto, ahora también me había roto la mano. Que jodida suerte la mía. Oí unos pasos detrás de mí y me volteé velozmente mientras me ponía en pie con el bate en la mano derecha; la que no me había roto aún.
Era una chica. La que no hablaba.
-¿Qué quieres?-escupí las palabras groseramente.
Ella no dijo nada; me miró al rostro y bajó la mirada, sonrosada. Se quedó fija en su lugar, con las manos agarrando el pomo de la puerta. Ya me empezaba a hartar.
-¿Qué quieres?-pregunté con más fuerza.
Ella tembló ante mi reacción, y retrocedió unos pasos mientras me daba la espalda.
Ignorándola, me senté nuevamente y empecé a tocar mi tabique. Mierda, duele como el carajo. Miré mis manos; aún estaba saliendo sangre. A este paso me iba a desangrar; aunque no estaba seguro si me podría morir por una herida en la nariz. Que forma más idiota de hacerlo.
Lo moví un poco…
-¡Ahh!-
El dolor había sido insoportable. Antes de darme cuenta me estaba echando aire en el rostro, aunque eso no ayudaba, el frío ponía peor la herida.
Entonces una mano agarró las mías y las apartó de mi rostro mientras se sentaba frente a mí. Era la chica.
Puso en el suelo una caja estampada con una cruz roja y unas palabras: “Primeros auxilios”. Sus manos tocaron gentilmente mi nariz. Hice un gesto de dolor ante el contacto de su piel. Estaba tibia.
Acerco su rostro al mío y miró críticamente mi herida. No me gustaba la forma en la que miraba mi nariz, parecía que estaba pensando en…
Me eché al suelo gritando de dolor. Me había colocado bien el tabique de un solo empujón. Esta chica era una salvaje.
Toqué mi nariz temerosamente, y me di cuenta sorprendido de que había dejado de sangrar y que dolía menos que antes. Volteé la vista hacía la chica.
Aún estaba sentada en la silla, mirándome preocupada. Abrí mi boca para agradecerle, pero la encontré seca y áspera. Toqué mis brazos, estaban fríos. Así que no era que ella estuviera tibia, es que yo me había enfriado al perder sangre.
Asentí con la cabeza en señal de “gracias”. Ella me miró temerosa, y también asintió.
Me acerqué a ella, y me senté en la silla que tenía enfrente. Sacó algodón del botiquín y alcohol. Lleno el algodón de alcohol y me miró con aire aprensivo. Asentí y ella acercó el algodón a la herida en mi mejilla. El alcohol escoció, pero no dolió tanto como esperé.
Sacó una cura y me la puso en la herida, tapándola. Me miró con una media sonrisa, a la cual respondí.
Creo que se sorprendió de mi reacción, pues se levantó apresurada, llevándose consigo el botiquín. Puso una mano en el pomo de la puerta, y antes de cerrarlo, me dio un último vistazo, y se fue.
Yo estaba quieto en mi silla. No podía dejar de pensar en: “Que chica más rara”. Lo más seguro se había compadecido de mí al verme herido. No había otra explicación. Aunque me había agradado de una forma poco común… Creo que me había salvado la vida, ¿sería gratitud?
Joder, a ella también le debo una. Mis deudas morales crecen.
Que mierda.